Límites a los Programas de Recolocación
Existen claves que siempre se ponen encima de la mesa cuando hablamos de Recolocación (Outplacement): el trabajador no está cualificado, tiene una edad alta, no va a conseguir salarios como los que tenía en la empresa de salida, los contratos van a ser de peor calidad… Ahora bien, estos condicionantes siempre existirán y cuanto más elementos de este estilo participen del perfil profesional de un trabajador, y nos hagan pensar que va a ser muy difícil su recolocación, más necesario es dotarle de apoyos, no sólo económicos, para que vuelva nuevamente al mercado laboral.
Hay muchos ejemplos en los últimos años, en España, que nos demuestran que la situación del mercado, la edad, los salarios, los contratos, son elementos que se pueden superar con esfuerzo, con un buen plan de trabajo y con el apoyo, asesoramiento y la búsqueda de oportunidades laborales que ofrece la recolocación.
Estudio recientes determinan que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores que se incorporan al mercado de trabajo, a través de un programa de Outplacement, es por término medio de un 7%, frente a tasas de un 25% cuando no se utiliza.
Lo mismo nos ocurre en términos de tiempo; por ejemplo, y siempre en datos medios, un directivo del sector tecnológico tarda un 50% menos de tiempo en encontrar un nuevo puesto de trabajo si cuenta con el apoyo de un programa de Outplacement, y en tasas similares podemos situar a los ingenieros y el personal staff.
Aunque no trato de mitificar ni de maximizar los beneficios y los resultados que puede aportar un programa de Recolocación, sí que estoy convencido que permite potenciar la empleabilidad de los trabajadores y por ello entiendo que esta empleabilidad -entendida como la capacidad para mantenerse dentro del mercado de trabajo- es el fin que todo trabajador ha de perseguir, anteponiéndose a cualquier otro, y ha de ser el objetivo fundamental en todo proceso de reestructuración que conlleve eliminación de puestos de trabajo.