¿Cuánto valemos?

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En una sobremesa después de una reunión entre profesionales de Recursos Humanos, a uno de los comensales se le ocurrió preguntar al auditorio, ¿Me gustaría saber cuánto valgo yo para mi empresa?

En pocos segundos, se empezaron a echar números sobre la mesa. La mayoría de ellos dirigidos hacia el coste de una indemnización por despido y hasta el coste de las compensaciones por pensiones. Sin embargo pasados unos minutos el tema adquirió una nueva dimensión, con un análisis más pormenorizado del coste que tendría la empresa para encontrar un sustituto, (proceso de selección, anuncio, cazatalentos, tiempo, etc).

Pero cuando la mitad de los comensales empezaba a sentirse satisfecho por el análisis, desde el fondo de la mesa alguien más atinado preguntó: ¿Y esto es todo lo que valemos nosotros para nuestras empresas?

A partir de este momento, empezó una discusión realmente interesante, hablando de las razones que nos motivan a trabajar, de nuestra aportación de valor, de los aspectos cualitativos que contribuyen al éxito de la función de recursos humanos…

A partir de aquel encuentro he tenido una cierta fijación en intentar analizar los criterios sobre los que nuestros jefes, colegas, colaboradores y el mismo personal valoran nuestro trabajo y la aportación de valor. La primera dificultad la encontré cuando constaté que, en el coaching, proveemos servicios a unos clientes que tienen diferentes demandas, intereses y expectativas sobre lo que debe de ser nuestra aportación.

Nuestra aportación tangible e intangible como agentes inductores y gestores del cambio precisa de unos criterios de valoración más sutiles, que no depende tanto de nosotros mismos como de la capacidad de toda la organización para asumir los cambios, y del caldo de cultivo que, en colaboración con todo el equipo directivo, hayamos podido desarrollar a lo largo del tiempo.

David Ulrico define la competencia profesional como la capacidad de añadir valor a la empresa. La competencia se debe centrar en el proceso de cambio de condiciones de la empresa hasta conseguir una ventaja competitiva sostenible.

Por ello, debemos dedicarnos a pensar en las actividades que desarrollamos y en las que aportan un valor real a nuestra organización y que nos concentremos en ser el campeón en la empresa de una actividad concreta que aporte valor tanto a la empresa como a las personas que trabajan en ella.